Fray Cipriano de la Huerga
- Asociación Amigos del Convento
Ubicación
- San Esteban de Nogales
Números de inventario
- AdC3565
Biografía y Contexto Histórico
Fray Cipriano de la Huerga, O. Cist., fue un monje cisterciense nacido en Laguna de Negrillos (León) hacia 1509 y fallecido en Alcalá de Henares (Madrid) en 1560. Fue maestro de Fray Luis de León en la Universidad de Alcalá. Tomó sus votos en 1527 en el monasterio de Nogales y estudió en Alcalá a principios de la década de 1530.
Como es habitual, la primera información que tenemos sobre él se refiere a la toma de sus votos en el monasterio de Santa María de Nogales. Parece que estudió en los colegios de la orden en Moreruela y Valparaíso, y es incluso posible que pasara algún tiempo en el convento de San Bernardo en Salamanca.
En la crónica nogales aparece:
El Ingreso de una Eminencia: Fray Cipriano de la Huerga
Entre los hechos memorables que este venerable religioso realizó para el crecimiento espiritual de esta casa, destaca el haber dado el hábito y recibido la profesión de fe del Maestro Fray Cipriano de la Huerga. Él fue uno de los personajes más ilustres y famosos tanto de la Orden como de toda España en aquel siglo. Así lo confirma la inscripción de su retrato, ubicado en el claustro del dormitorio, que reza:»Fray Cipriano de la Huerga; Musa Hispana y Fénix».
El «Fénix» de la Teología: El texto llama a Cipriano de la Huerga «Musa Hispana et Phenix». En el Renacimiento, llamar a alguien «Fénix» era el máximo cumplido intelectual (como se hizo con Lope de Vega). Cipriano no era un monje cualquiera; fue el maestro de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca. Era un experto en lenguas bíblicas (hebreo, griego y arameo) en una época donde esto podía meterte en problemas con la Inquisición.
Sucesión de Abades
Tras su muerte, el Prior que estaba en funciones en ese momento, miembro de esta misma casa, fue elegido por el Convento para sucederle:
- II. Don Rafael Guerra (Año 1541): Se registra que aún era Abad el 31 de diciembre de 1544.
- III. Maestro Don Fray Cipriano de la Huerga (Año 1544): Fue el primero en tomar el hábito en este monasterio tras su unión a la «Regular Observancia de Castilla». Al terminar su primer trienio (periodo de tres años), el Convento lo eligió por segunda vez.
- IV. Maestro Don Fray Cipriano de la Huerga (Segunda vez, Año 1547): Durante este año se fabricaron las dos sillas del presbiterio y se reubicaron los sepulcros de los fundadores: uno al lado del Evangelio (izquierda del altar) y otro al lado de la Epístola (derecha).
Sus estudios iniciales, como era costumbre, consistieron en Gramática y Filosofía. A principios de la década de 1530 lo encontramos en la Universidad de Alcalá, aunque no sabemos cuándo se matriculó. Solo un documento notarial ha sobrevivido que prueba que completó cuatro cursos de Artes en la Universidad de Alcalá entre 1531 y 1535, así como cuatro en Teología entre 1535 y 1539. Después de unos años de los que no sabemos nada, en 1545 lo hallamos como abad del Monasterio de Santa María de Nogales, donde había tomado sus votos. Permaneció en ese cargo hasta 1548, año en que probablemente viajó a Lovaina para estudiar lenguas griega y semítica. En 1549, regresó a Alcalá como profesor de Teología en el colegio de la orden y obtuvo permiso para imprimir su Comentario sobre el Salmo 130 en Lovaina. Entre 1550 y 1551 enseñó en Alcalá como requisito para su doctorado (para obtener el grado era necesario haber enseñado al menos un año). Al mismo tiempo fue nombrado rector del Colegio de San Bernardo en la misma universidad. En 1551 obtuvo sus grados de la Universidad de Sigüenza.
El hecho de que una persona de la estatura del autor tuviera que recurrir a una universidad de tan baja categoría y poco prestigio como Sigüenza no puede explicarse en este caso por los medios habituales: pertenencia de ascendencia converso, lo que le impediría obtener cualquier grado, salvo en instituciones como Sigüenza que los concedían, con muy pocos escrúpulos, a cambio de dinero. En el caso del autor en cuestión, la prueba de pureza de sangre ya se había obtenido para ingresar a la orden religiosa, por lo que no era necesario obtener una de nuevo. La razón de recurrir a Sigüenza fue probablemente la falta de años de estudios de Teología (se exigían diez y solo podía demostrar cuatro) necesarios para obtener la licencia en Alcalá.
De esta manera, obtuvo la cátedra de Estudios Bíblicos en la Universidad Complutense. Su calidad como profesor es evidente en la elocuencia que García Matamoros le dedicó al año siguiente (Elogio en honor de Cipriano de la Huerga, impreso en la casa de Arnao Guillén de Brocar). En ese mismo año se conoce su oposición al embarque de africanos esclavizados hacia las colonias americanas. Más tarde, volvió a ser comisionado para responder a inquiries reales. Su renombre llevó a que fuera elegido para pronunciar un sermón ante la universidad con ocasión de la proclamación de Felipe II en 1556. Durante el curso académico 1556/57, Fray Luis de León asistió a clases de Sagrada Escritura en el aula de Fray Cipriano, y más tarde sería propietario de varios de sus libros. En 1559 firmó la dedicatoria del Comentario de Fray Cipriano sobre el Profeta Nahúm. Los lamentables, y hoy irreparables, acontecimientos de ese año —la prohibición de estudiar en universidades extranjeras, los autos de fe en Valladolid y Sevilla en los que eminentes humanistas eran quemados en la hoguera junto con personas de fe heterodoxa, y el vergonzoso juicio al Arzobispo Carranza— seguramente repercutieron en el estudioso bíblico leonés, a quien volvemos a encontrar en plena enfermedad en Nochebuena. Probablemente intuyó la tormenta que pronto caería sobre quienes, como él, eran eruditos de la Biblia hebrea. Sin embargo, no llegó a verla: gravemente enfermo, fue nuevamente elegido profesor de Sagrada Escritura en 1560, cargo que finalmente asumió, aunque murió un mes más tarde, el 4 de febrero de 1560. Ese mismo año, el capítulo general de la orden decidió publicar sus obras para beneficio de la Iglesia.
Acerca del Libro
Título
- Cipriano de Huerga – Cypriani monachi cisterciensis instituti. D. Bernardi diuinae legis interpretis in Complutensi – 1555
Tema / Categoría
- Religión – Cantidad: 1 – Libro
Detalles de la Edición
- Número de libros: 1
- Tema: Religión
- Título del libro: Cypriani monachi cisterciensis instituti. D. Bernardi diuinae legis interpretis in Complutensi
- Autor / Ilustrador: Cipriano de Huerga
- Estado: Bien Conservada BC
- Año de publicación artículo más antiguo: 1555
- Alto: 14,5 cm
- Ancho: 10 cm
- Edición: Primera edición en este formato
- Idioma: Latín
- Lengua original: Sí
- Editorial: Compluti, Alcalá de Henares, Juan de Brocar
- Encuadernación: Cuero
- Número de páginas: 88
Referencia Bibliográfica
- De Huerga, Cipriano Cypriani monachi cisterciensis instituti. D. Bernardi diuinae legis interpretis in Complutensi academia Commentarius in Psalmum CXXXCompluti : ex officina Ioannis Brocarij, 155588 h. ; 8º
- CCBE S. XVI, H, 962, 963
- Marcas tip. en port. y en h. 88 v.
- Sign.: A-L8.
Enlace libro digitalizado: (enlace)
Catálogo de Obras
Obras Perdidas o Desaparecidas
Las obras de Fray Cipriano de la Huerga se encuentran entre las que han circulado en legajos y bibliotecas, llegando a nosotros en un estado fragmentario. Esto se agrava por el hecho de que no podemos determinar si todos los títulos presuntamente perdidos están realmente perdidos o si simplemente son el resultado de errores de los primeros catalogadores. Así, en 1613, fecha del primer inventario de sus obras, ocupaban nueve legajos que contenían obras impresas junto con otras inéditas. Estos legajos, de los que no tenemos registro, pudieron haber sido destruidos o haber sido conservados con tanto cuidado que no hemos logrado localizarlos.
Dos manuscritos que aparentemente estaban en la biblioteca del Colegio Cisterciense de Salamanca parecen haber corrido una suerte similar:
- Comentario sobre la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo
- Tratado sobre la Teoría de la Música y el Uso de Instrumentos entre los Hebreos antiguos (De ratione musicae et instrumentosum usu apud veteres hebraeos).
Con su pérdida, lamentamos la pérdida de una fuente crucial de comparación con todos aquellos tratados que, como los de Francisco de Salinas o Fray Juan Bermudo, analizan el fenómeno musical desde la tradición neoplatónica, aunque moldeada por la de la Iglesia.
Obras Perdidas o Desaparecidas
- De Opificio Mundi (comentarios sobre la creación del mundo en tres libros)
- In Divi Ioannis Apocalipsim (que había sido prohibido por la Inquisición)
- In Divi Pauli epistola ad Ephesios et ad Hebraeos commentaria
- Isagoge in totam Divinam Scripturam (una introducción general a la Biblia)
- De Symbolis mosaicis
- In librum Psalmorum isagoge quinque longissimis tractatibus contenta
- In priores octo Psalmos et in Psalmum 22 et in Psalmum 44 et in Psalmum 51 con traducción de tres textos, según la verdad hebraica (estos dos libros eran una introducción general al Libro de los Salmos, el primero, y un comentario y traducción triple, basada en el texto hebreo, de varios de ellos, el segundo).
- Comentarios sobre Salmos VII, LI, LXVI, LXXXI y CIX (no han sobrevivido).
- Comentarios sobre los cuatro libros de Isaías.
- Las Lamentaciones de Jeremías.
- El Evangelio de Mateo y fragmentos del Evangelio de Juan.
- Epístola de San Pablo a los Efesios.
- In Epistolam ad Hebraeos commentaria.
Obras Conservadas
Aparte de esa gran cantidad de obras perdidas, sí contamos con:
- Commentarius in Psalmum CXXX, publicado en Lovaina en su juventud.
- Opinión del Maestro Fray Cipriano sobre el acuerdo y las capitulaciones que Su Majestad hizo con Fernando Ochoa sobre el transporte de esclavos a las Indias (manuscrito del Archivo de Simancas fechado en 1553).
- Carta a Don Antonio de Ochoa, tutor del Príncipe Don Carlos (manuscrito del archivo privado de la casa ducal de Cadaval, fechado en 1554; otra copia en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia). Se trata de una autodefensa ante las acusaciones dirigidas contra él por vivir en lujo y comodidad.
- Comentario sobre el Salmo XXXVIII (1555).
- Sermón […] en el día en que se alzaron los estandartes, para el rey Felipe, nuestro señor (1556).
- Carta […] a la duquesa de Francavilla sobre la muerte del Conde de Cifuentes, su hermano (1556, esta obra se conserva en manuscrito en la biblioteca del Instituto Valencia de Don Juan).
- Comentario sobre el Profeta Nahúm (1561).
- Comentario sobre el Libro del Bienaventurado Juan y el Canto de los Cantares de Salomón (1582).
Como se puede ver, a pesar de su importancia, lo que queda de su obra apenas nos permite vislumbrar parte de lo que fue su labor, uno de los más grandes escritores que España ha producido.






